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VilmaPoesias

Ruben Dario.

Abrojos. ( Ruben Dario.)

Abrojos

 Rubén Darío

  Sí, yo he escrito estos Abrojos tras largas penas y agravios,

 ya con la risa en los labios, ya con el llanto en los ojos.

 Tu noble y leal corazón, tu cariño,

 me alentaba cuando entre los dos mediaba la mesa de redacción.

 Yo, haciendo versos, Manuel, descocado, antimetódico,

 en el margen de un periódico, o en un trozo de papel.

 Tú, aplaudiendo o censurando,

 censurando o aplaudiendo como crítico tremendo,

 o como crítico blando.

 Entonces, ambos a dos, de mil ambiciones llenos,

 con dos corazones buenos y honrados,

 gracias a Dios,

 hicimos dulces memorias, trajimos gratos recuerdos,

 y no nos hallamos lerdos en ese asunto de glorias.

Y pensamos en ganarlas paso a paso y poco a poco...

Y ya huyendo el tiempo loco de nuestras amigas charlas,

 nos confiamos los enojos,

 las amarguras, los duelos, los desengaños y anhelos...

 y nacieron mis Abrojos.

 Obra, sin luz ni donaire, que al compañero constante le dedica

un fabricante de castillos en el aire.

 Obra sin luz, es verdad, pues rebosa amarga pena;

 y para toda alma buena la pena es oscuridad.

 Sin donaire, porque el chiste no me buscó, ni yo a él;

 ya tú bien sabes, Manuel, que yo tengo el vino triste.

 II

 Juntos hemos visto el mal y en el mundano bullicio, cómo para cada vicio,

 se eleva un arco triunfal.

 Vimos perlas en el lodo, burla y baldón a destajo,

 el delito por debajo y la hipocresía en todo.

 Bondad y hombría de bien, como en el mar las espumas,

 y palomas con las plumas recortadas a cercén.

 Mucho tigre carnicero, bien enguantadas las uñas,

 y muchísimas garduñas con máscaras de cordero.

 La poesía con anemia, con tisis el ideal,

 bajo la capa el puñal y en la boca la blasfemia.

 La envidia que desenrosca su cuerpo y muerde con maña;

 y en la tela de la araña a cada paso la mosca...

 ¿Eres artista? Te afeo. ¿Vales algo? Te critico.

 Te aborrezco si eres rico, y si pobre, te apedreo.

 Y de la honra haciendo el robo e hiriendo cuanto se ve,

 sale cierto lo de que el hombre del hombre es lobo.

 III

 No predico, no interrogo.

 De un sermón

 ¡qué se diría!

 Esto no es una homilía, sino amargo desahogo.

 Si hay versos de amores, son las flores de un amor muerto

 que brindo al cadáver yerto de mi primera pasión.

Si entre esos íntimos versos hay versos envenenados,

 lean los hombres honrados que son para los perversos.

 Y tú, mi buen compañero, toma el libro;

 que en verdad de poeta y caballero,

 con mis Abrojos

 no hiero las manos de la amistad.

XXV Melancolia. (Ruben Dario)

XXV MELANCOLÍA

 A Domingo Bolívar

 Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.

 Soy como un ciego.

 Voy sin rumbo y ando a tientas.

 Voy bajo tempestades y tormentas

 ciego de sueño y loco de armonía.

Ése es mi mal.

 Soñar.

 La poesía es la camisa férrea de mil puntas

 cruentas que llevo sobre el alma.

Las espinas sangrientas dejan caer las gotas de mi melancolía.

 Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;

 a veces me parece que el camino es muy largo,

 y a veces que es muy corto...

Al que ingrato me deja, busco amante;

 al que amante me sigue, dejo ingrata;

 constante adoro a quien mi amor maltrata;

 maltrato a quien mi amor busca constante.

 Al que trato de amor, hallo diamante,

 y soy diamante al que de amor me trata;

triunfante quiero ver al que me mata,

 y mato al que me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;

 si ruego a aquél, mi pundonor enojo:

 de entrambos modos infeliz me veo.

 Pero yo, por mejor partido,

 escojo de quien no quiero,

ser violento empleo, que, de quien no me quiere,

 vil despojo.

 Y en este titubeo de aliento y agonía,

 cargo lleno de penas lo que apenas soporto.

 Rubén Darío

Cancion de Otono en Primavera. Juventud.

Canción de Otoño en Primavera

Juventud, divino tesoro,

 ¡ya te vas para no volver!

 Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer...

 Plural ha sido la celeste historia de mi corazón.

 Era una dulce niña,

 en este mundo de duelo y de aflicción.

 Miraba como el alba pura;

 sonreía como una flor.

 Era su cabellera obscura hecha de noche y de dolor.

 Yo era tímido como un niño.

 Ella, naturalmente, fue,

 para mi amor hecho de armiño,

 Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,

 ¡ya te vas para no volver!

 Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora

 y más halagadora y expresiva,

 la otra fue más sensitiva cual no pensé encontrar jamás.

 Pues a su continua ternura una pasión violenta unía.

 En un peplo de gasa pura una bacante se envolvía...

 En sus brazos tomó mi ensueño y lo arrulló como a un bebé...

Y te mató, triste y pequeño, falto de luz,

falto de fe... Juventud, divino tesoro,

 ¡te fuiste para no volver!

 Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer...

 Otra juzgó que era mi boca el estuche de su pasión;

 y que me roería, loca, con sus dientes el corazón.

 Poniendo en un amor de exceso la mira de su voluntad,

 mientras eran abrazo y beso síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera imaginar siempre un Edén,

 sin pensar que la Primavera y la carne acaban también...

 Juventud, divino tesoro,

 ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro...

 y a veces lloro sin querer. ¡

Y las demás!

 En tantos climas,

 en tantas tierras siempre son,

 si no pretextos de mis rimas fantasmas de mi corazón.

 En vano busqué a la princesa que estaba triste de esperar.

 La vida es dura. Amarga y pesa.

 ¡Ya no hay princesa que cantar!

 Mas a pesar del tiempo terco,

 mi sed de amor no tiene fin;

 con el cabello gris,

 me acerco a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,

 ¡ya te vas para no volver!

 Cuando quiero llorar, no lloro...

 y a veces lloro sin querer...

¡Mas es mía el Alba de oro!

La Mentacion de Otono. (Ruben Dario)

Lamentación de Otoño

 Rubén Darío.

 Como tantas cosas lejanas Que se acercan sin un rumor,

Llegaron las primeras canas Y quizas el último amor.

 El amor que pasó de prisa, Y el que nunca llego

 al pasar Entristecieron mi sonrisa

 Igual que un ciego frente al mar.

Yo sonaba con un cariño

 Que acaso tuve y se me fue

 Y me eche a llorar como un niño

Que llora sin saber porque.

Hoy asoman rostros extraños

 Sobriamente frente a mí;

 Hoy llegan los anos huraños Diciéndome:

 Estamos aquí.

 Yo he de morir sonando cosas Que desee y no conseguí…

 Y seguirán naciendo rosas,

 Pero no serán para mí.

Yo buscaba las cosas bellas

Sin importarme en que lugar,

Y otros miraran las estrellas

Que yo no volveré a mirar.

 Y nombrar lo que no se nombra

-un gran silencio y una cruz-

y penetrar en esa sombra

Yo,

 que he amado tanto la luz!

 Tantos suenos que ya se han ido

Y que jamas han de volver….

 Empezar a morir de olvido,

 Oh noche sin amanecer!

 Apasionadas noches locas,

 Indeciblemente sin par…

 Pero otros besaran las bocas

 Que yo dejare de besar!

Agridulce sabor del beso,

 Áurea isla sin latitud:

 Aunque solo sea por eso,

 No te vayas,

 Juventud!

 No te vayas todavía,

 Porque no me quiero quedar

 Triste de ensueño y de armonía,

 Igual que un ciego frente al mar!